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Equilibrio: ¿Quedarme donde estoy, regularme o cambiar?

Escrito por BEATRIZ URIBE

Cuando escuchamos la palabra equilibrio, solemos imaginar una balanza perfectamente quieta.

Nada sube. Nada baja. Nada se mueve. Y quizá ahí comienza nuestra primera confusión.

Porque estar en equilibrio no necesariamente significa permanecer en el mismo lugar.

De hecho, cuando hablamos de sistemas vivos, ocurre prácticamente lo contrario: aquello que permanece estable lo consigue gracias a una enorme cantidad de procesos que están ocurriendo continuamente.

Respiramos. Regulamos nuestra temperatura. Renovamos células. Reparamos tejidos. Redistribuimos agua. Respondemos al ambiente. Modificamos nuestro metabolismo según disponibilidad energética, actividad, sueño y muchas otras señales.

Estamos vivos porque cambiamos.

Por eso este mes, en Nuestra Tierra Cosmética, queremos hablar de tres conceptos: status quo, homeostasis y alostasis.

Y utilizarlos como una forma diferente de pensar el equilibrio, nuestra piel y nuestro cuerpo.

STATUS QUO: “ME QUEDO DONDE ESTOY”

Status quo es una expresión latina que utilizamos para referirnos al: “estado de las cosas en un momento determinado”. Nada más.

El problema aparece cuando confundimos conservar el status quo con estar en equilibrio cuando no son sinónimos.

Un sistema puede mantenerse durante cierto tiempo en una condición que no necesariamente representa su mejor estado posible.

Y aquí aparece otra confusión que escuchamos muchísimo:

“Aceptarme significa no querer cambiar nada.”

Pero No. Aceptación y resignación tampoco son sinónimos.

Aceptar significa reconocer la realidad presente sin necesidad de negarla:

“Este es mi cuerpo hoy.”
“Esta es mi piel hoy.”
“Esto es lo que está ocurriendo.”

La resignación añade una conclusión diferente: “Y como esto es así, no puedo o no quiero hacer nada al respecto.”

Podemos amar profundamente nuestro cuerpo y, al mismo tiempo, escuchar lo que nos está diciendo.

Podemos aceptar una mancha y decidir tratarla. Podemos aceptar que nuestro cuerpo cambió y decidir modificar nuestros hábitos.

Podemos aceptar nuestra textura, nuestra flacidez, nuestras estrías o nuestra composición corporal sin convertirlas en enemigos y, aun así, decidir cuidarlas.

El autocuidado no necesita comenzar desde el rechazo. También puede comenzar desde la aceptación.

TU CUERPO NO ES UNA FOTOGRAFÍA

Aquí está el problema de pensar en términos de status quo cuando hablamos de biología: el cuerpo no está congelado en el tiempo.

La piel que tienes hoy no será exactamente la piel que tendrás dentro de cinco años.

El envejecimiento cutáneo continúa. La exposición acumulativa a radiación ultravioleta continúa influyendo sobre la piel.

La síntesis y degradación de componentes de la matriz extracelular continúa.

La pigmentación puede modificarse frente a radiación, inflamación, hormonas y otros estímulos.

Nuestra composición corporal también puede cambiar según alimentación, actividad física, hormonas, edad, sueño y múltiples variables.

No intervenir no significa que todo se quedará como está.

Nuestro cuerpo no tiene un botón de pausa. Aunque decidamos no hacer nada, el tiempo, el ambiente, nuestros hábitos y nuestros propios procesos biológicos siguen actuando.

Por eso, cuando hablamos del cuerpo y de la piel, quedarnos en el status quo es, en cierta forma, una ilusión: mientras nosotros decidimos permanecer donde estamos, nuestro organismo continúa cambiando.

Una mancha puede modificarse, la exposición solar sigue acumulándose, la arquitectura de la piel cambia con la edad y nuestra composición corporal puede variar.

No elegir el cambio no significa elegir permanecer iguales.

Porque en biología, permanecer exactamente en el mismo punto rara vez es una opción.

MI TEORÍA BUSESCA

Tengo una teoría que aplico a muchísimas cosas: o le damos para adelante o, muchas veces sin darnos cuenta, le damos hacia atrás.

Porque permanecer exactamente en el mismo lugar es muchísimo más difícil de lo que parece.

Y aquí aparece una palabra fascinante: ENTROPÍA

La entropía (el segundo principio de la termodinámica) establece que todos los sistemas aislados tienden naturalmente al desorden, la degradación y la dispersión de la energía.

Nosotros no somos sistemas aislados.

Intercambiamos continuamente energía y materia con nuestro entorno.

Comemos.
Respiramos.
Eliminamos sustancias.
Absorbemos y transformamos energía.
Construimos moléculas.
Degradamos otras.

Y estamos expuestos constantemente a factores internos y externos que influyen sobre nuestro organismo.

De esa relación entre nuestro cuerpo y todo aquello a lo que estamos expuestos hablaremos después cuando exploremos otro concepto fascinante: el exposoma. Pero por ahora quedémonos con una idea:

Mantener la organización cuesta energía.

Un organismo vivo no conserva su extraordinario nivel de organización simplemente porque sí.

Cada segundo nuestras células están invirtiendo recursos para conservar estructuras, mantener gradientes electroquímicos, sintetizar y reemplazar proteínas, responder al estrés celular, reparar daños en el ADN y sostener innumerables procesos necesarios para continuar funcionando.

Hace más de 80 años, el físico Erwin Schrödinger se hizo una pregunta extraordinaria en su libro ¿Qué es la vida?:

¿Cómo consigue un organismo vivo mantener semejante grado de organización?

Schrödinger utilizó entonces una expresión que se hizo célebre: “entropía negativa” o negentropía.

Los seres vivos no derrotamos la entropía. Utilizamos energía constantemente para mantener nuestra organización.

Nuestro cuerpo repara ADN, reemplaza proteínas, mantiene estructuras celulares, regula procesos y responde al daño.

Pero esa capacidad de reparación y mantenimiento no es perfecta ni infinita. Con el tiempo se acumulan daños moleculares y celulares, disminuyen algunas capacidades de reparación y aparecen los cambios.

Podríamos decirlo así: La vida es un esfuerzo continuo por mantener el orden.

Y aquí volvemos al status quo. Nuestro cuerpo no tiene botón de pausa.

Mientras nosotros decidimos “me quedo como estoy”, el cuerpo continúa cambiando. La piel envejece, la exposición solar se acumula, el colágeno se remodela, una mancha puede modificarse y nuestra composición corporal puede variar.

No intervenir no significa que todo se quedará como está. Porque “o vamos hacia adelante o, muchas veces sin darnos cuenta, vamos hacia atrás”.

No podemos detener el tiempo. No podemos eliminar la entropía. No podemos obligar a nuestro cuerpo a permanecer eternamente en el mismo estado.

Pero podemos darle recursos, atender a sus señales, protegerlo, estimularlo de manera adecuada, descansar, movernos, nutrirnos, cuidar nuestra piel, adaptarnos o ponernos un poquitico incómodos y CAMBIAR.

Porque “El equilibrio no es permanecer siempre en el mismo punto. A veces es adaptarse y a veces es encontrar un nuevo punto desde el cual seguir.”

¿Y ENTONCES ME QUEDO EN DONDE ESTOY, ME REGULO PARA RECUPERAR MI EQUILIBRIO O ME REPROGRAMO PARA CAMBIAR Y RECUPERAR EL EQUILIBRIO?

La decisión es muy personal, pero HAY QUE TOMARLA. Porque, como ya vimos, no decidir también tiene consecuencias: nuestro cuerpo y nuestra piel seguirán cambiando aunque nosotros no hagamos nada.

El equilibrio comienza por observar dónde estamos, escuchar las señales y preguntarnos qué necesitamos hoy: ¿conservar, regular o transformar? Para responderlo, vale la pena distinguir tres conceptos que parecen similares, pero representan formas muy diferentes de relacionarnos con el cambio:

STATUS QUO: Me quedo donde estoy.

Reconozco el estado actual de las cosas y decido mantenerlo, sin realizar una intervención dirigida a modificarlo.

HOMEOSTASIS: Me regulo para recuperar y conservar mi equilibrio.

La homeostasis es la capacidad que tiene nuestro organismo para auto regularse constantemente y mantener o recuperar su equilibrio cuando algo cambia.

Nuestro cuerpo lo hace todo el tiempo, muchas veces sin que siquiera lo notemos; regula la temperatura, el pH, la glucosa, el balance de agua y muchas otras variables para mantenerlas dentro de rangos adecuados para su funcionamiento.

Sin embargo, cuando este equilibrio se altera, la piel y el cuerpo son los primeros en emitir señales visibles:

  • Reactividad: Enrojecimiento o sensibilidad atípica.
  • Pigmentación: Aparición de manchas o zonas hiperpigmentadas.
  • Barrera alterada: Sequedad, tirantez o deshidratación persistente.
  • Textura: Cambios en el relieve, aspereza o pérdida de suavidad.
  • Composición corporal: Variaciones en el volumen o contorno corporal.
  • Microcirculación: Sensación de inflamación, pesadez o retención de líquidos.

No todas estas señales significan por sí mismas que exista un problema de homeostasis severo, pero sí son cambios que vale la pena observar y comprender no para pelear con el cuerpo, sino para preguntarnos:

¿Qué cambió? ¿Qué necesita? ¿Qué puedo hacer para ayudarlo a recuperar condiciones más favorables?

Si algo se alteró LO OBSERVO y ME REGULO para recuperar el equilibrio.

Si ya notas un cambio en tu piel o en tu cuerpo, no se trata simplemente de dejarlo ahí y asumir que “así es ahora”. Es momento de observar, preguntarte qué pudo cambiar y atender la señal. A veces bastará con ajustar nuestros cuidados o hábitos; otras, será necesario CAMBIAR.

ALOSTASIS: Me reprogramo para cambiar y recuperar el equilibrio.

A veces, para conservar el equilibrio necesitamos cambiar. Y aquí la cosa se complica un poco, porque aunque el cambio es una de las grandes constantes de la vida, instintivamente solemos resistirnos a él.

Sin embargo, recuerda la teoría Busesca: “o vamos hacia adelante o, muchas veces sin darnos cuenta, vamos hacia atrás”.

El equilibrio que necesitabas a los 20 años probablemente no será el mismo que necesitarás a los 40. Tu piel cambia, tu composición corporal cambia, tus hormonas cambian, tus hábitos y tu entorno también. Después de un embarazo, durante la menopausia, tras una variación importante de peso, al comenzar una nueva etapa de entrenamiento o simplemente con el paso del tiempo, lo que antes funcionaba puede dejar de ser suficiente porque las condiciones ya no son las mismas.

Aquí es cuando entra la alostasis que es la capacidad que tiene nuestro organismo para adaptarse y modificar su respuesta cuando las condiciones cambian, con el fin de mantener o alcanzar nuevamente el equilibrio.

Si las condiciones cambiaron entonces debo ADAPTARME y CAMBIAR MI ESTRATEGIA para encontrar un nuevo equilibrio.

No siempre necesitamos regresar al punto donde estábamos. A veces necesitamos construir un nuevo punto de equilibrio acorde con el cuerpo y la piel que tenemos hoy.

No hay nada de malo en ya no tener el cuerpo o la piel que tenías a los 20. Esto no quiere decir que debas resignarte a dejar de cuidarlos porque han cambiado. Al contrario: significa reconocer que hoy pueden tener necesidades diferentes. Aceptarte como eres hoy no te obliga a quedarte como estás; puedes amarte, cuidarte y decidir cambiar al mismo tiempo.

  • ¿Me quedo en dónde estoy?
  • ¿Me regulo para recuperar mi equilibrio?
  • ¿Me reprogramo para cambiar y recuperar el equilibrio?

Son preguntas que solo tu puedes responder. Pero quiero cambiar la forma en que pensamos en el equilibrio, porque, como dije al principio, no es una balanza perfectamente quieta.

Piensa en un equilibrista caminando sobre una cuerda. Desde lejos parece perfectamente estable, pero si lo observas con atención descubrirás que nunca está completamente quieto. Extiende los brazos, inclina el torso, mueve una pierna, corrige su postura y redistribuye su peso constantemente.

Si la cuerda se mueve, él responde. Si pierde estabilidad hacia un lado, compensa hacia el otro. Y para avanzar, inevitablemente tiene que atreverse a mover un pie del lugar donde estaba.

Eso es equilibrio. Algo dinámico, no estático y definitivamente no es comodidad permanente. A veces recuperar o construir un nuevo equilibrio implica atravesar cierta incomodidad, no obstante aunque sea incómodo está bien, estás cambiando porque estás en la vida: evolucionando, fluyendo, existiendo con todo lo maravilloso que eso es 😍.

La clave está en aprender a distinguir entre una incomodidad que nos está haciendo daño y aquella que simplemente aparece porque estamos saliendo de lo conocido para adaptarnos, aprender y avanzar.

Una de mis maestras (Coral Mujaes) suele decir "hay dolores de vida y hay dolores de muerte pero de todas maneras te va a doler hermosa" así que pienso en eso cada vez que al entrenar  me duelen músculos que había olvidado que tenia 🤣 repito como mantra "es un dolor de vida" y cuando no entreno y me empiezan a doler las rodillas me digo OJO AHÍ si no es dolor de vida entonces....  y eso me ayuda a retomar por lo menos el movimiento.

Creo que todos somos ese equilibrista en la cuerda de la vida y es nuestro derecho divino y animal ELEGIR pero acá te dejo este cuadrito que he condensado lo mas posible para darte una ruta cosmética si no lo puedes ver bien puedes solicitarle a nuestras guerreras de ventas que te lo manden por whats app 🙃

Te abrazo desde el alma esperando que si tiene que dolortre sea entonces UN DOLOR DE VIDA 😉

💙 AGOSTO · DON DEL MES: EQUILIBRIO

Nuestra Tierra Cosmética
Ciencia y Consciencia al servicio de tu piel.