REGALOS 🌠 BLUE BALANCE 🌠 desde $600 💙

CRISIS CURATIVA: ¿Estoy avanzando hacia un nuevo equilibrio?

Escrito por BEATRIZ URIBE

CRISIS CURATIVA: ¿Estoy avanzando hacia un nuevo equilibrio?

Cómo distinguir adaptación, incomodidad y señales de alarma durante un proceso de cambio.

No toda incomodidad es daño, pero tampoco todo empeoramiento significa progreso.

En el artículo anterior sobre EQUILIBRIO te hablé de alostasis, que es la capacidad de nuestro organismo para adaptarse y modificar su respuesta cuando las condiciones cambian.

Pero cambiar no siempre se ve bonito mientras está sucediendo.

Comienzas un tratamiento y aparecen granitos. Incorporas retinol y tu piel se descama. Estás tratando una mancha y parece más evidente. Después de un peeling tu piel luce diferente.

Entonces aparece la pregunta:

¿Estoy avanzando hacia el cambio o algo no está bien?

Popularmente solemos llamar “crisis curativa” a ese periodo en el que algo parece empeorar antes de mejorar. Sin embargo, dermatológicamente no existe una única “crisis curativa” que explique cualquier reacción.

A veces estamos frente a una adaptación esperable. Otras veces la piel nos está diciendo claramente: esto es demasiado.

Y aprender a distinguirlo también es Ciencia y Consciencia.

CRISIS CURATIVA: Entre la CIENCIA y la CREENCIA

Probablemente has escuchado alguna vez este término porque es muy popular, pero no es un diagnóstico dermatológico específico. Lo utilizamos para describir ese momento en el que, después de iniciar un tratamiento o introducir un nuevo estímulo, la piel parece empeorar, reaccionar o comportarse diferente antes de alcanzar el resultado que buscamos.

El problema es que hemos terminado utilizando la misma expresión para situaciones que pueden ser completamente diferentes.

Una cosa es que la piel esté atravesando un proceso transitorio de adaptación o renovación y otra muy distinta es que estemos provocando irritación, inflamación o daño.

Por eso la pregunta no debería ser simplemente:

“¿Estoy pasando por una crisis curativa?” Sino: “¿Qué está pasando realmente en mi piel?”

Y entonces, ¿Qué está pasando en mi piel?

Creo que muchas veces desespero a la gente cuando me hace una pregunta y mi respuesta es: DEPENDE. 😬

Es mi magic word 😋, pero tiene una razón: cuando hablamos de piel casi nunca existen respuestas universales.

Depende de tu piel, de su historia, del estado de su barrera, del activo, la concentración, el pH, la frecuencia de uso, los demás productos de tu rutina y también del medio en el que esa piel vive.

Porque un cosmético no actúa solo: interactúa con un organismo vivo y con todo aquello a lo que ese organismo está expuesto. Sol, contaminación, clima, hábitos, estrés y muchas otras variables forman parte de una historia muchísimo más grande llamada EXPOSOMA, de la cual te hablaré en próximo artículo.

Así que cuando alguien me dice: “Empecé este producto y mi piel empeoró, ¿es normal?”

Mi respuesta seguirá siendo:

DEPENDE. 😬

Puede ser una adaptación esperable.
Puede ser que simplemente necesites darle tiempo a tu biología.
Puede ser una verdadera señal de alarma.

Así que vamos a aprender a distinguirlas.

Purga cutánea (skin purging): cuando parece que el acné empeora

El término skin purging se hizo muy popular en cosmética y redes sociales, pero el fenómeno que intenta describir no es nuevo para la dermatología.

En la literatura médica tradicional es más común encontrarlo descrito como “initial worsening” (empeoramiento inicial) o “flaring” (brote inicial) asociado al comienzo de determinados tratamientos para el acné, especialmente retinoides y otros agentes que modifican la queratinización y el recambio folicular.

Cuando esto sucede —un empeoramiento inicial y nuevos brotes— solemos decir que la piel se está desintoxicando y expulsando impurezas. Es una forma simple de explicarlo, pues lo que sucede es que en una piel con tendencia acneica pueden existir microcomedones, lesiones microscópicas precursoras del comedón que todavía no vemos en la superficie.

Al introducir determinados tratamientos que normalizan la queratinización y modifican el recambio celular, algunas de esas lesiones que ya estaban desarrollándose pueden hacerse visibles en un periodo más corto.

Por eso durante las primeras semanas puede parecer que el tratamiento está provocando más acné, cuando en determinados casos estamos observando un empeoramiento inicial transitorio antes de la mejoría.

La purga puede aparecer al introducir activos como retinoides, ácidos cosméticos y otros renovadores cutáneos. Estos activos pueden hacer que microcomedones que ya estaban desarrollándose dentro del folículo se hagan visibles más rápidamente, por eso durante un periodo puede parecer que tenemos más brotes.

Pero OJO, aquí viene algo importante: la adaptación necesita tiempo. Que después de una o dos semanas todavía existan brotes no significa que el producto no esté funcionando. La piel tiene sus propios ciclos y un tratamiento no puede evaluarse por unas cuantas aplicaciones.

Lo importante es observar cómo está respondiendo la piel. Si junto al brote aparecen ardor intenso, comezón importante, inflamación excesiva, dolor o sensibilidad creciente, entonces debemos revisar la estrategia.

PURGA → aparece → evoluciona → comienza a resolverse.

PROBLEMA → aparece → persiste o aumenta → aparecen nuevas señales de irritación.

Por eso no tenemos que entrar en pánico ante el primer granito, porque no debemos juzgar un tratamiento antes de dar tiempo para que el proceso suceda; pero tampoco pasar meses diciendo:

“Seguro todavía me estoy purgando.” Porque la purga es una etapa transitoria, no un destino.

FASE DE TOLERANCIA O RETINIZACIÓN

Otra posibilidad muy frecuente es que tu piel simplemente se esté adaptando a un nuevo estímulo.

Cuando comenzamos a utilizar activos como retinoides, ácidos cosméticos u otros renovadores cutáneos, la piel puede necesitar un periodo de adaptación. Durante esta fase pueden aparecer temporalmente sequedad, tirantez, descamación, enrojecimiento o mayor sensibilidad.

Dependiendo del estímulo, esta adaptación puede involucrar procesos diferentes:

Retinización (Retinization): es la fase adaptativa específica que puede presentarse al introducir retinoides, mientras la piel desarrolla mayor tolerancia a su uso.

Aclimatación o tolerancia epidérmica: con ácidos cosméticos y otros exfoliantes, la epidermis puede adaptarse progresivamente al estímulo producido por la exfoliación, la concentración, el pH y la frecuencia de aplicación.

Respuesta adaptativa de la función barrera: frente a determinados estímulos, la piel también activa mecanismos destinados a restablecer su función barrera, incluyendo cambios en el metabolismo y síntesis de lípidos epidérmicos.

Todo esto tiene algo en común: la adaptación necesita tiempo y el estímulo adecuado.

Y aquí entra perfecto algo que expliqué hace algunos años y bauticé como el Método Fonsi 😬: “Pasito a pasito, suave suavecito.”

Porque la meta no es llevar la piel al máximo que pueda soportar, sino darle el estímulo suficiente y el tiempo necesario para adaptarse.

Y esto nos lleva directamente a una pregunta: ¿Cuánto estímulo es suficiente y cuándo comenzamos a pasarnos?

Para responderla te tengo que citar otra palabra “rara”: HORMESIS.

HORMESIS ¿Cuánto estímulo es suficiente?

La hormesis es un fenómeno biológico en el que un estímulo de baja intensidad y controlado puede activar respuestas de adaptación y defensa, mientras que ese mismo estímulo, si supera la capacidad de respuesta del tejido, puede convertirse en una agresión.

Chiste nerd: Es como el amor. 😬 En la dosis adecuada puede hacernos crecer; demasiado, demasiado intenso o sin descanso… puede terminar siendo tóxico. 😂

Volvamos a la piel…

La hormesis nos ayuda a comprender que la respuesta de un tejido no aumenta indefinidamente porque aumentemos la intensidad del estímulo.

POCO ESTÍMULO → puede no ser suficiente.
ESTÍMULO ADECUADO → respuesta + recuperación + adaptación.
DEMASIADO ESTÍMULO → irritación + inflamación + daño.

A ese rango en el que buscamos obtener una respuesta favorable sin sobrepasar la capacidad de adaptación de la piel se le llama ventana hormética (es lo que intentaba explicar con el Método Fonsi).

MÁS PORCENTAJE NO SIGNIFICA MÁS EFICACIA

Si tu piel responde favorablemente a determinada concentración y frecuencia, duplicarlas no significa duplicar los resultados.

Con retinoides, ácidos cosméticos, peelings y otros estímulos de renovación, llega un punto en el que aumentar concentración, frecuencia o intensidad deja de aportarnos una ventaja y comienza a aumentar el riesgo de irritación.

Por eso no buscamos descubrir cuánto puede aguantar nuestra piel, sino cuánto estímulo necesita para obtener el efecto deseado y todavía poder recuperarse.

Porque la hormesis no consiste simplemente en estresar la piel. El estímulo es apenas el inicio. Después, la piel necesita responder, reparar lo necesario y recuperar su equilibrio. Es durante ese proceso cuando puede producirse la adaptación.

ESTÍMULO CONTROLADO → RESPUESTA → REPARACIÓN Y RECUPERACIÓN = ADAPTACIÓN

La recuperación también forma parte del tratamiento. Por eso el descanso entre estímulos también forma parte del tratamiento. Si volvemos a estimular una piel que todavía no se ha recuperado, podemos sobrepasar su capacidad de adaptación y convertir un estímulo favorable en irritación y daño.

Si acumulamos estímulo sobre estímulo sin permitir la recuperación, lejos de adaptarnos corremos el riesgo de mantener la piel en un estado inflamatorio persistente y entrar en el terreno del INFLAMMAGING, del que ya hablamos ampliamente en otro artículo.

Y ahora llevemos todo esto a uno de los tratamientos donde más fácil es desesperarnos:

¿Y SI ESTOY TRATANDO MANCHAS?

Aquí debemos tener todavía más cuidado porque la evolución de una mancha no siempre es rápida ni visualmente lineal.

Lo que vemos en la superficie es solo una parte del proceso. El pigmento puede encontrarse a diferentes profundidades y, aunque un tratamiento ya esté actuando sobre la producción de nueva melanina, el pigmento que ya existe no desaparece inmediatamente. La piel necesita tiempo para que la renovación epidérmica y los mecanismos de procesamiento y eliminación del pigmento se traduzcan en cambios visibles; cuando existe un componente más profundo, el proceso puede ser todavía más lento.

Por eso una mancha puede tardar en mostrar cambios visibles e incluso cambiar de apariencia, contraste o definición durante su evolución.

Hay algo que tenemos que entender muy bien: La piel tiene sus propios tiempos. Acelerar el tratamiento no necesariamente acelera el resultado, lo cual nos lleva a la última parte de este artículo.

LA ANSIEDAD POR EL RESULTADO

Muchas veces en la piel no está pasando nada malo; lo que sucede es que todavía no podemos ver lo que está pasando porque muchos de esos procesos ocurren a nivel microscópico, celular o bioquímico.

La biología no trabaja al ritmo de nuestra ansiedad. 😬 Un activo puede estar actuando sobre determinados procesos mucho antes de que esos cambios sean evidentes frente al espejo.

Y entonces sucede algo muy humano: nos desesperamos.

“Llevo dos semanas y no veo cambios.”
“Esta mancha sigue ahí.”
“Necesito algo más fuerte.”
“Voy a usarlo todos los días.”
“¿Y si además le agrego otro ácido?”

Y en nuestro intento por acelerar el resultado podemos terminar sobreestimulando una piel que quizá solo necesitaba TIEMPO.

La piel tiene sus propios tiempos y lo que vemos en la superficie es solamente una parte de uno o muchos procesos que están ocurriendo adentro.

ENTONCES, ¿CÓMO SÉ QUÉ ESTÁ PASANDO?

No siempre vas a poder saberlo con absoluta certeza —ya sabes, DEPENDE 😬—, pero sí puedes aprender a observar las señales.

Y OJO porque en medio de tanta espiritualidad, intuición y búsqueda de significados, a veces queremos encontrar hasta mensajes divinos para explicar lo que nos sucede y olvidamos algo mucho más inmediato: tenemos un cuerpo y el cuerpo habla.

Habla con ardor, comezón, dolor, inflamación, tirantez, sensibilidad, cansancio, bienestar, alivio… La fisicalidad es volver a habitar el cuerpo y prestar atención a sus señales antes de intentar interpretarlas.

Si estás utilizando un tratamiento adecuado y no hay irritación importante, dolor, comezón intensa o sensibilidad creciente, quizá tu piel simplemente necesita TIEMPO.

Si aparecen cambios leves y esperables asociados al activo que estás utilizando —como una purga o una fase inicial de tolerancia— puede tratarse de ADAPTACIÓN y será importante respetar la frecuencia, la recuperación y la evolución del proceso.

Pero si la reacción aumenta, persiste, duele, arde intensamente, inflama, produce comezón importante o deja la piel cada vez más sensible, no debemos justificarla diciendo “es una crisis curativa”. Es momento de REVISAR LA ESTRATEGIA porque muchas veces el producto no es el problema sino la frecuencia con que lo estás aplicando.

Así que antes de abandonar un tratamiento porque “no funciona” o intensificarlo porque “quiero resultados más rápido”, pregúntate:

¿Necesito darle TIEMPO?
¿Mi piel se está ADAPTANDO?
¿O mi piel me está pidiendo que REVISE lo que estoy haciendo?

Es un trabajo de Ciencia y Consciencia.

Ciencia es comprender que detrás de lo que vemos existen procesos biológicos que necesitan tiempo, comprender lo que nos aplicamos, cómo trabaja y con qué frecuencia lo debemos usar.

Consciencia es volver al cuerpo, observar nuestra piel, respetar sus límites y entender que avanzar hacia un nuevo equilibrio no significa correr ni aguantarlo todo.

A veces avanzar significa estimular. Otras veces, esperar. Y otras, saber cuándo detenernos 😉

Te abrazo, esperando que tú, te abraces también 💞